jueves, 22 de enero de 2015

Vida

La vida es una puerta abierta para acceder a todo lo que es posible realizar, sentir, aprender, conocer, vislumbrar... en definitiva,  vivir toda su trascendental existencia. 

La Creación quedaría nula si no hubiera vida para poder comprobar y admirar su magnificencia. Todo está hecho para que el ser humano tenga la posibilidad y el privilegio de disfrutar con lo creado. Y en ese ciclo, está su propia evolución.

La Creación es perfecta, grande, en una continua metamorfosis. Y el ser humano, imperfecto, pero con la gracia de disfrutar ese proceso. 

El Hombre tiene que estar en constante aprendizaje, pero con el derecho a sentir la vida, demostrarse a sí mismo la grandeza y potencial que posee en su propio universo abriendo su mente al conocimiento superior de la naturaleza.

viernes, 3 de octubre de 2014

Mirruña

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..un día encontré un gato pequeño, flaquísimo y atestado de pulgas en medio de un mercado, no tenía maullido para quejarse, moría de hambre, como estaba desnutrido, su tamaño era mucho mas pequeño de lo normal, su cabeza era desproporcionadamente mas grande que el cuerpo, lo rescaté y lo bauticé como mirruña. La palabra mirruña se la había escuchado a mi madre para describir lo muy pequeño, tanto que hasta inspira ternura, como los trocitos de pan que se comparten con el perico, o los granos de maíz por los que se pelean las palomas afuera de las iglesias, pedacito de palabra que con su doble erre cosquillea la lengua para luego desenvolver la dulce eñe: mirruña.

~Algarabía Radio. 

domingo, 25 de mayo de 2014

Argento y Luna Azul

 Argento y Luna Azul
José G. Cisneros Estrada


HOMBRE LOBO.- Según una antigua superstición, hombre que se transforma, por sí mismo o por causas ajenas, en un lobo en apariencia y naturaleza.

El hombre-lobo que a veces se transforma bajo la influencia de la luna llena, vaga sin propósito fijo por la noche, devorando niños o cadáveres.

LICANTROPÍA.- El término licantropía se refiere a la alucinación que padecen algunas personas que creen haberse convertido en Lobo.

Varios escritores clásicos han proporcionado en sus obras relatos sobre estas transformaciones, extendiéndose la superstición por toda Europa durante la Edad Media tardía, en la que varios hombres fueron acusados y condenados por ser Hombres-Lobo.


Enciclopedia Microsoft ® Encarta ® 2000.

© 1993-1999 Microsoft Corporation.

Reservados todos los derechos.


Prólogo


El verano había sido uno de los más calurosos de los que se tuviera conocimiento, todo se debía a un extraño fenómeno que los meteorólogos de los noticieros explicaban una y otra vez. Pero a la mayoría de las personas no le interesaba saber de milibares de presión atmosférica o de manchas solares, lo que a la gente común le interesaba era saber cuándo se iba a acabar el infierno en el que se había convertido el inicio de aquel otoño. Otoño en el que en años anteriores, hubieran empezado a usar abrigadores suéteres, pero que hoy ni con la ropa más ligera se dejaba de sentir como la tela quemaba al contacto con la piel.

Se había recomendado a la población no hacer actividades al aire libre en el lapso de las diez a las dieciocho horas y, en el dado caso de tener que salir, usar bloqueador solar, cachuchas o paraguas. No era raro que al anochecer los parques estuvieran llenos de niños que no comprendían por qué el calor tendría que mermarles su derecho a jugar al aire libre.

Un auto plateado se detuvo justo frente a un grupo de niños que cruzaron la calle corriendo sin precaución alguna, tras ellos iba una joven mujer empujando una carreola rosada, la mujer miró al conductor del coche plateado y le sonrió, el hombre le devolvió la sonrisa más por inercia que por gusto propio; él vivía justo frente al parque y, antes de ese infernal verano, él podía llegar del trabajo alegremente a las ocho en punto de la noche y salir a correr en ese parque durante una hora o más sin la molesta intromisión de tantos niños, pero hoy no, hoy tendría que esperar hasta las once de la noche, cuando todos esos pequeños vampiros involuntarios volvieran a casa cansados de tanto correr y alterar la vida de los adultos.

El hombre del auto plateado se estacionó en la cochera y subió al elevador del lujoso edificio de departamentos, llevaba el portafolio lleno de papeles en una mano y su saco en otra. Abrió su departamento amueblado en estilo minimalista, dejó el portafolio en el suelo y encendió el televisor. Los noticieros informaban que el calor seguirá hasta mediados de octubre y después iría disminuyendo, aunque tal vez el invierno fuera el más caluroso de los últimos treinta años; cambió de canal, quería olvidarse por un momento de todo lo que tuviera que ver con el clima, dejó sintonizada una película polaca, aunque la pantalla mostraba un eterno 37°C en la esquina superior derecha.

Se desnudó y entró a la ducha, cuando salió se vistió con unos shorts deportivos y una camiseta de tirantes, mientras se ponía los tenis sintió ganas de vestir algo más formal y tal vez ir a algún bar con clima artificial y beber alguna cerveza helada, pero correr era una rutina a la que no había renunciado a menos de que estuviera lloviendo, y hoy no llovería. Cuando comenzó su calentamiento, decidió que no correría en ese parque y empezó a trotar calle abajo, ajustó el cronómetro a ceros y los audífonos en sus orejas, hacía mucho que no recorría esa parte de la ciudad, ya casi había olvidado algunos de los comercios que ahí había.

Cuando llegó a la parte más baja de la ciudad, sintió unos enormes deseos de regresar, pero justo cuando iba a dar media vuelta, alcanzó a distinguir el parque central, decidió dar una vuelta completa y luego regresar.

Mientras iba corriendo por la acera, sintió una leve brisa fresca; hacía mucho tiempo que no sentía viento que no fuera expulsado por algún ventilador, la luna llena brillaba en el cielo, lo que le daba al paisaje un tono azulado, aunque los arbustos al centro del parque parecían enormes bultos negros. Se dirigió hacia donde había un poco más de luz, y quiso dar una segunda vuelta al parque, miró su reloj y vio que pasaba de la medianoche, se detuvo y empezó a hacer sus ejercicios de enfriamiento, siguió caminando y se internó entre los arbustos para regresar a casa.

Sintió un leve dolor en el pecho y se detuvo a tomar un poco de aire, se inclinó hacia adelante y colocó sus manos en las rodillas, apartó los audífonos de su cabeza y escuchó un ruido que provenía de entre los árboles, miró hacia el lugar de donde provenía el ruido y solo vio dos pequeñas lucecitas, como canicas. Empujó el puente de sus anteojos para ver mejor, y pudo distinguir dos ojos amarillos que lo miraban fijamente, su primer pensamiento fue correr, pero de alguna forma sus piernas no le respondían, le empezó a faltar el aire a sus pulmones, y recordó los días en el colegio, cuando apenas hacía un poco de ejercicio y tenía que darse una dosis doble de su espray bucofaríngeo, para evitar un ataque de asma.

Ni siquiera tuvo el tiempo suficiente como para que los recuerdos de toda su vida pasaran frente a él; de entre las sombras un enorme lobo pardo saltó hacia su pecho derribándolo por completo de espaldas al suelo, sintió el tibio aliento del enorme animal en su cuello e instintivamente se cubrió el rostro. Quien sabe que pensamientos cruzaban por su mente en aquel último momento, pero de lo único que estaba seguro era de que no quería morir, irónicamente, la muerte era lo único que iba a conseguir aquella noche.

No sintió dolor, al menos no en el lugar donde el lobo había arrancado un enorme trozo de él, hubiera gritado si no tuviera la garganta destrozada, más bien el dolor era en su pecho, como si sus pulmones estuvieran inundándose de algún líquido, y su corazón trabajara al doble para drenarlos, cosa casi imposible, ya que a cada intento que hacía por respirar, sus pulmones absorbían más y más sangre hasta que le fue imposible seguir con vida.

No hay nada más cruel que darse cuenta de que nosotros, como humanos no somos el último eslabón de la cadena alimenticia, sobre todo cuando se tiene tanta conciencia sobre la vida, o tanta confianza en el control de esa misma vida.

Al día siguiente los noticieros difundieron la noticia y cada uno dio la versión que le pareció la más acertada, unos dijeron que probablemente había sido atacado por un grupo de pandilleros con algún perro de esos entrenados para pelear, otros dijeron que había sido un crimen de odio, una exagerada homofobia llevada al extremo, o tal vez un crimen pasional, los más aventurados hablaban de algún hombre-lobo, que se dedicaba a cazar a los que osaban desafiar las leyes de la naturaleza, comentario que causaba mas preocupación que risa por venir de algún periodista con título universitario.

domingo, 16 de febrero de 2014

Purnima

Pronto me dirás un adiós disfrazado de hasta luego, porque como la marea, me abandonarás dejándome desnudo, solo y triste esperando al próximo plenilunio para volverme lunático o licántropo. 

No habrá Esbat ni Fiesta de los Faroles hasta que hayas regresado con la próxima Luna Azul. Lenten y Paush no vendrán a mí y Yul me habrá abandonado, seguiré solo. 

Los lobos aullarán a la bajamar y yo me ahogaré en un mar de desesperanza anhelando que la sizigia me haga renacer con la próxima marea.

jueves, 6 de febrero de 2014

Veinte Millas (Historias del Amor y la Velocidad)

Se enamoró de ella la quinta vez que la había visto, lo estaba decidiendo justo ahora, que era la quinta vez. Tenías que verla cruzar la calle, ¡diablos! era una chica preciosa, parecía una princesa de cuento, del tamaño del dragón del cuento y tan valiente como el príncipe de ese cuento, quiero decir, ella sola era todo el puto cuento de hadas enterito.

Ella se enamoró de él la segunda vez que se vieron, fue en ese bar-karaoke, él le cantó esa canción de Flans, Veinte Millas. Ahí fue donde ella dijo: "No canta nada y se atrevió, ¡uh, qué hombre!".

Ahora ella lo había visto y cruzaría la amplia avenida para que finalmente se abrazaran enamorados. Ella sólo lo miraba a él. Pero él pudo observar un Renault rosa que iba a toda velocidad, y ella se atravesaba, el auto no parecía querer frenar, ella no parecía ver el auto y él se preocupó porque... él la amaba.

El auto seguía directo a ella, entonces sacándo fuerzas de no sé donde, él brincó para evitarlo, fue un salto inmenso, el auto continuaba directito hacia ella y justo cuando se elevaba para atraparla, se atravesó un oficial de la policía montada... que nadie esperaba que saliera en esta historia. 

El auto salió directo a atropellar a la chica, el conductor observó a la chica, el enamorado también observó a la chica y no pregunten cómo, pero el conductor del Renault rosa viró... y la chica se salvó.

Entonces ellos se abrazaron enamorados. Y cómo esta es una historia de amor, el oficial de la policía montada les prestó el caballo para que se fueran rumbo al horizonte, como un príncipe y una princesa.

//KCT Grabado/ Historias del Amor y la Velocidad: Veinte Millas.
~Abel Membrillo.

Ésta [vida] es una obra de ficción, los hechos y/o personas mencionados en este relato no tienen relación alguna con eventos actuales, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia [o no]. 

lunes, 13 de enero de 2014

¿Fiesta?

No sabía por qué había aceptado. Hacía tiempo que no salía, pero la verdad es que tampoco lo echaba en falta. Estando allí, otra vez en medio de una pista de baile abarrotada, recordé los motivos porque parecía que había renunciado a salir. En el fondo, supongo que acepté, simple y llanamente, porque no podía decirle que no. Cuando vino a enseñarme el coche hacía tiempo que no nos veíamos. Lo cierto es que no había habido razón alguna, ninguna excusa, para ese distanciamiento. Yo había pasado todas las vacaciones en el pueblo y él vivía a menos de diez quilómetros. Lo más normal hubiese sido que en aquellos últimos dos meses, al menos, hubiésemos salido de copas un par de veces y hubiésemos quedado en el bar otras tantas, pero nada de eso había ocurrido.

De modo que, cuando vino a enseñarme su flamante coche nuevo, cuando se acordó de hacerme partícipe de su éxito y me invitó a "estrenarlo" el siguiente fin de semana, no pude decirle que no. Era de los pocos amigos que conservaba de mis tiempos en el instituto, por no decir el único. El resto parecían encajar mejor en la categoría de compañeros a los que guardaba cierta simpatía... o ni tan siquiera eso. Así que volvía a estar otra vez en medio de una pista de baile. Hacía casi tres meses que no salía, desde antes que finalizara el curso, un poco más que no follaba. Casi no recordaba el escozor en la polla del día después por culpa de mi alergia al látex. Me sentí un poco raro al darme cuenta de que eso tampoco lo había echado en falta... no el picor, sino el sexo, claro está.

La verdad es que tampoco me sentía muy motivado por poner remedio a eso. Nunca me había gustado el juego de la seducción, pero en ese sitio, a menos que te gustase el bailoteo, era lo único que podías practicar. No tardé en recordar los motivos porque ese juego no me iba y, sobre todo, recordé porque cada vez me gustaba menos. Y esa noche el motivo de mi desencanto no fue por la cantidad de chicas que había en la pista de baile. Tampoco podía quejarme de su edad, ya que, como era un día especial, no habíamos acudido a nuestra discoteca habitual de cada viernes. Nos habíamos acercado hasta la provincia de Tarragona, y al menos allí, las más jovencitas, llegaban a los dieciocho.

No, el problema no era el sitio, ni tampoco el ambiente. El problema, tal y como yo lo recordaba, lo encontrábamos en las propias reglas del juego, como estas se han ido desvirtuando con el paso del tiempo. Porque si bien es cierto que las chicas cada vez van más ligeras de ropa, si también lo es que cada vez bailan de un modo más provocador y se insinúan cada vez más, no es menos cierto que todo se ha vuelto completamente ambiguo. Ya nada significa lo que parece. 0 mejor dicho, sólo lo significa algunas veces. Las señales cada vez son más explícitas y las intenciones menos evidentes. Las reglas del juego parecen haber desaparecido. ¿A quién le apetece jugar un juego sin reglas o dónde las reglas las imponen otros sobre la marcha y según sus intereses?

Y es que esa noche volví a recordar como las mujeres han aprendido a usar la seducción para saciar otras necesidades que poco tienen que ver con el sexo. Muchas de ellas parecen haber encontrado en las discotecas un modo de conseguir placer mucho más sutil. Mientras un chico en una discoteca cuando se acerca a una chica acostumbra a tener meridianamente claras sus intenciones, en otras palabras, follar en el caso de las mujeres esto no sucede del mismo modo.

Poco a poco, me he ido dado cuenta de que la mayoría de veces una mujer no busca la atención de un hombre porque realmente quiera algo con él. De hecho, ha llegado un punto en que no es que ya no quieran algo con él, sino que ni tan siquiera quieren algo de él. Las mujeres se han dado cuenta de que en ese ambiente, por poco agraciadas que sean, tienen la sartén por el mango. Se han dado cuenta de que sólo con moverse provocadoramente, con vestir del modo más sexy posible, tendrán un buen puñado de hombres besándoles el culo, y se aprovechan. He llegado a la conclusión que muchas de ellas lo usan como simple terapia. Un lugar donde reafirmar su seguridad en sí mismas. Un modo de acariciar su ego y subir su autoestima. Otras, simplemente, parecen hacerlo como mero deporte, como un nuevo modo de exaltación del narcisismo. Una manera de demostrar su poder.

Ha llegado un momento que cuando entro en una discoteca me siento como en un lugar extraño, absolutamente desubicado. Un lugar donde las mujeres son conscientes de su poder y se dedican a jugar con los hombres. Observando muchas de las situaciones que se dan delante de mis ojos, recordando algunas que he padecido, termino por darme cuenta de por qué las feministas son tan feas.

Al ritmo de un monótono Tic-Tac. 
~Vixa86. 

jueves, 9 de enero de 2014

Novia de América:


Novia de América:

Veo que tus vacaciones estuvieron bien densas; te fuiste con tu novio de viaje, seguro se quedaron en unos hoteles “divis”, comieron bien rico, conocieron, disfrutaron, dispararon armas, mataron animalitos y luego te pintaste la cara con su sangre. ¿De casualidad no elaboraste con su piel un intrincado disfraz para cubrir tu desnudo cuerpo bailando en algún ritual chamánico de fuego y nueva vida mientras tipos tocaban los tambores y gritaban cosas que no entendías? ¡Debió de ser alucinante!

No sé por qué hacen tanto desmadre en las redes sociales por tus vacaciones. Tal vez todavía no superan que hayas tronado con Mijares y esa es su manera de ventilar las emociones reprimidas generadas por esa parte de su corazón que murió con “ustedes”. Quizá también están celosos de tu nuevo novio ya que después de todo eres la novia de América (¿cómo se armó ese rollo, por cierto? ¿Hubo una iniciativa internacional y te llegaron todos los habitantes del continente en unísono? ¿También eres novia de las mujeres de América? ¿Eres bi?).

Quizá, como yo, están celosos de tu peculiar aventura o tal véz todos son vegetarianos

En este mundo tan pinche material en el que todos se andan rompiendo la madre por sus cinco minutitos de fama tú fuiste ahí (a donde hayas ido) y con toda la bondad de tu corazón hiciste a esa pinche cabra montés famosa. Sin esperar nada a cambio y casi sin querer hiciste de tan agraciado animal el más célebre de los de su especie.

Creo que desde la muerte de la mamá de Bambi, por ahí de 1942, ningún animal había sido tan famoso por realizar una acción tan simple como la de morir. Piensa en cómo un simple suceso en tu vida puede generarte miles de nuevas oportunidades: playeras con la imagen del cabrón, gorras con cuernos, tenis en forma de pezuñas, “Cabrita” la serie animada y un largo etcétera de oportunidades de las cuales probablemente tu equipo de management ya esté preparando una presentación al respecto.

Y es que en la vida hay que ver a las adversidades como oportunidades. Tal vez ya lo sepas, pero los chinos usan la misma palabra para “crisis” que para “oportunidad”. Piensa en cómo todo este embrollo podría resultar en nuevas y emocionantes oportunidades para traer nueva sangre a tu carrera.  Desde protagonizar un programa de cacería en A&E, poner un negocio de barbacoa o ya de perdis un patrocinio de nuevos rifles semi-automaticos orientados para mujeres cuarentonas.

Qué gusto que tu muerte en esa película “Coqueta” solo haya sido un trabajo de ficción (¡fiuf!). No te preocupes por todos esos sin-vida que te andan criticando en redes sociales. Ni que hubieras matado un León o un koala o (Dios no lo quiera) un tigre de bengala bebé.

Me gusta creer que en el lugar donde la mataste, lo permiten como medio para controlar su población. Matar es algo horrible. Terminar con la vida de cualquier cosa parece algo sacado de una lejana ficción. Sin embargo, indirectamente, todas las personas que comen carne matan.

No te esponjes si te andan criticando bien denso. Desde aquel incidente en que tu guarura encañonó a tus fans en el teatro, nos dimos cuenta lo jodidamente real que es el mundo. Si mataste una cabrita y te pintaste la cara con su sangre, “no biggie”. Tampoco secuestraste un niño o mataste a alguien. Si todo mundo anda haciéndola de pedo, es porque los medios de comunicación nos han enseñado a hacer de nuestra vida una película de emociones fuertes.

Lucero: tu sigue con tu cotorreo, seguro ya tienes mil problemas en tu vida como para andarte estresando por lo que tipos gordos y la cara llena de acné pueden decir de ti desde la comodidad de su casa. Tú sigue llorando en el Teletón, muriendote en peliculas, vistiéndote de Mariachi o lo que sea que te guste hacer en la vida.

Pero toma esta experiencia como una oportunidad para ser una mejor persona. No sé, éntrarle al yoga o a la mota, abre tu mente a la colectividad progresiva que busca la comunidad humana global, vete al África a ayudar niños ciegos, igual y adopta a los hijos de la cabra como en aquel celebre episodio de los Simpsons. Haz de tu vida un papalote que se funda en el aire de la prosperidad  y el optimismo. Lee sobre Julian Assagne, Buddha u Orson Welles. Cómprate unos Banksys o descubre artistas locales. En una de esas tal vez descubras que tu trip es ser vegana o “paleo”, escuchar a Fiona Apple y comprar en tiendas vintage.

El siglo XXI te necesita de regreso como una persona real, con fallas y virtudes pero con una verdadera vocación por mejorar la realidad que nos circunda (si es que ese es tu trip), para que así seas  verdadera imagen de esperanza, compasión y progreso que tanto se necesitan en todos los tiempos.

Tuyo,

Wachadafunk. 
~Noisey/Vice. 
Imágen: TV Notas.