lunes, 6 de mayo de 2013

Sentir

Amar, también es resistir con aquella persona cuando crees que la dejaste de amar. Porque los días soleados encierran sombras a la cara opuesta del sol y en cada sombra el viento corre frío entre las ramas y las varillas de castillos que llegan a ninguna parte, pero no hay que olvidar que las dudas son sombras y un paso adelante hay calor, sol y esperanza de nuevo y de nuevo otra vez.

Hay personas que entienden estar juntas, habemos personas que vamos aprendiendo el difícil camino de expulsar la soledad por la compañía, tan acostumbrados nosotros a huir que nos cuesta trabajo quedarnos junto a alguien y pasar el anochecer hasta el atardecer. Pero en el acto mas sincero de nuestro sentir, de nuestro sufrir, sabemos que tarde o temprano antes de morir debemos permanecer junto a esa persona, porque hasta el polvo en el que nos convertimos se junta y descansa con otro polvo y la estrella lejana que parece solitaria destella insistente llamando nuestra atención para no sentirse sola en la muerte, aún cuando las nubes dificulten sus lamentos. Somos polvo, somos uno y todos necesitamos recostarnos en el pecho firme de quien se mantenga estóico al paso de las nubes.

Yo por mi parte viajé cruzando el Atlántico, buscando el aire que daría el sentimiemto de extrañar el crecimiento completo de amar, desear y volver a cobijar con mis piernas las piernas de mi amada; anduve por bosques y ríos, aduanas y vuelos, encima de cipreces con hojas rojas que pareción llamas, anduve por las calles de Sabino y Arana apestando a alcohol y frutos cortados. Yo por mi parte viajé para estar cerca de ella, acercándome las noches solitarias a los palacios de sus muslos. Viajando encontré la lluvia que finalmente me dejaría pensando en ella.

Por las noches despierto, el silencio se ha mantenido caminando insistentemente alrededor de la cama, lo escucho cuando no escucho nada, me mantengo quieto para que no se valla, para que no se espante, para que el latir de mi corazón no lo confunda, yo muero todas las noches me mato a mi y a mi mismo, me entierro y persigno, y cuando estoy a punto de no volver, una mano calida me aferra a la vida y me sostengo entonces con mis múltiples nacimientos cada mañana haciendo esperar para otros intentos mi diario funeral.

Cosa curiosa esto de intentar amar cuando has sido despreciado en tantas ocasiones, despreciado hasta por el mismo desprecio, tan llano ha sido el camino, tan lleno de ofrendas y altares abandonados por doquier, tan larga ha sido la noche, tan ciego por falta de ver, denme una pistola cargada, quiten la red de protección, mantengan alejados a los niños, que suelo jugar al temerario en cada otoño y la bala, la caída, me dejan sólo en el país de nieve.

“Mírenme” Solía decir, “Estoy sólo y orgulloso”, pero de pronto extraño el vaho en mi cuello, añoro palabras que apenas comprendo, recuerdos apenas hechos, acompañado y dejándome acompañar; “Mírenme” les digo, “Ya no soy el que era, las balas terminaron alejando la soledad”.

//DIXO. ~Fernanda Tapia + Fernando Benavides.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

De allá pa'cá